En el extremo suroccidental de la Isla Sur de Nueva Zelanda se encuentra Fiordland National Park, el mayor parque nacional del país y uno de los territorios naturales más impresionantes del planeta. Sus más de 1,2 millones de hectáreas reúnen montañas escarpadas, glaciares, lagos cristalinos, bosques de exuberante vegetación y profundos fiordos excavados por el hielo durante miles de años. El parque forma parte de Te Wāhipounamu, espacio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Visitar Fiordland significa adentrarse en una naturaleza inmensa y prácticamente intacta, donde el agua, la montaña y el bosque crean paisajes de una belleza sobrecogedora; un rincón de Nueva Zelanda que parece pertenecer a otro mundo
El gran símbolo de Fiordland es Piopiotahi / Milford Sound, un espectacular fiordo rodeado de enormes paredes montañosas que se elevan desde el mar. El famoso Mitre Peak domina el paisaje y numerosas cascadas se precipitan desde las alturas hacia las oscuras aguas del fiordo. Los cruceros son una de las mejores formas de descubrir este escenario, navegando entre montañas, bosques y cascadas. Incluso los días de lluvia poseen un encanto especial, ya que el agua multiplica el número y el caudal de las cascadas que descienden por las laderas.
Otro lugar extraordinario es Doubtful Sound / Patea, un fiordo más remoto y tranquilo que Milford Sound. Sus aguas profundas están rodeadas de montañas y bosques prácticamente intactos, y en sus alrededores es posible observar fauna marina como delfines, focas y pingüinos.
El parque es también un auténtico paraíso para los amantes del senderismo. Tres de las famosas Great Walks de Nueva Zelanda atraviesan este territorio: Milford Track, Kepler Track y Routeburn Track. La Milford Track es especialmente célebre y atraviesa bosques, valles, montañas y cascadas, incluyendo las espectaculares Sutherland Falls.
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Para conocer Fiordland no es necesario realizar largas caminatas. La carretera que une Te Anau con Milford Sound es por sí misma una extraordinaria experiencia paisajística. Durante el recorrido aparecen lugares como el valle de Eglinton, los Mirror Lakes, bosques de hayas y el impresionante Homer Tunnel, antes de comenzar el descenso hacia el fiordo.
Te Anau es la principal puerta de entrada al parque y un excelente lugar para alojarse y organizar excursiones. Situada junto al enorme lago del mismo nombre, ofrece un ambiente tranquilo y actividades como paseos en barco y visitas a las famosas cuevas de luciérnagas. La cercana Manapouri constituye otra buena base para explorar la región.
Fiordland es además refugio de una extraordinaria fauna autóctona, con especies de aves únicas de Nueva Zelanda y una vegetación que conserva características de los antiguos bosques de Gondwana.
Visitar Fiordland significa adentrarse en una naturaleza inmensa y prácticamente intacta, donde el agua, la montaña y el bosque crean paisajes de una belleza sobrecogedora. Un rincón de Nueva Zelanda que parece pertenecer a otro mundo y que constituye una de las grandes experiencias naturales del planeta.
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