La ruta circular de las Siete Cidades, en la isla de São Miguel, es uno de los recorridos más espectaculares del archipiélago de las Azores. Este itinerario ofrece una combinación perfecta de naturaleza volcánica, paisajes de ensueño y miradores que dejan sin aliento. Convirtiéndose en una experiencia imprescindible para los amantes del senderismo y la fotografía.

La ruta de las Siete Cidades es mucho más que una caminata: es un viaje sensorial a través de uno de los paisajes volcánicos más impresionantes de Europa; lugar donde la naturaleza muestra toda su fuerza y belleza, dejando una huella imborrable en quienes lo recorren

El corazón de esta ruta es la impresionante Lagoa das Sete Cidades, un lago de origen volcánico dividido en dos tonalidades: azul y verde. Esta peculiaridad, rodeada de leyendas locales, crea un contraste visual único que cambia según la luz del día. Caminar alrededor de este cráter permite contemplar la inmensidad del paisaje y la armonía entre agua, vegetación y cielo.

Uno de los puntos más emblemáticos del recorrido es el mirador Vista do Rei, desde donde se obtiene una panorámica icónica del lago y del antiguo hotel abandonado que añade un toque misterioso al entorno. Desde aquí, el sendero se adentra en caminos de tierra y bordea el cráter, ofreciendo vistas constantes y cambiantes de la laguna y de los campos verdes que la rodean.

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A lo largo de la ruta, otros miradores menos conocidos permiten disfrutar del paisaje con mayor tranquilidad. Entre ellos destaca el Miradouro da Boca do Inferno, considerado uno de los más bellos de la isla. Desde este punto, la vista se amplía no solo hacia la Lagoa das Sete Cidades, sino también hacia otras lagunas cercanas y el océano Atlántico en el horizonte.

La riqueza natural de la zona es extraordinaria. La vegetación exuberante, típica del clima atlántico, envuelve todo el recorrido con tonos verdes intensos. Helechos, hortensias y bosques de criptomerias acompañan al caminante, creando una sensación de inmersión total en la naturaleza. Además, el canto de las aves y la brisa constante aportan una atmósfera de calma y conexión con el entorno.

El recorrido circular, de dificultad moderada, es accesible para senderistas con un mínimo de experiencia y puede completarse en unas pocas horas, dependiendo del ritmo y de las paradas para disfrutar del paisaje. Es recomendable realizarlo en días despejados para apreciar plenamente las vistas, aunque la niebla, frecuente en la zona, también aporta un encanto especial y misterioso.

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